Cristo Te Justifica

Para bendecir tu vida !!!

lunes, 11 de diciembre de 2017

Tesoros escondidos

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.Mateo 6:19-21


      Reflexión

La palabra “naufragio” tiene gusto a fracaso y olor a misterio. Las historias que rodean a la historia de un barco hundido suelen ser tenebrosas y tapizadas de leyendas y coincidencias que desafían la imaginación. Simplemente no hay mares sin sal, ni naufragios sin misterios.

Corría el siglo XVII y América sangraba oro, plata y joyas preciosas que abultaban las repletas arcas de los reyes de España. Las siluetas de los galeones se recortaban amenazantes en los atardeceres del Mar Caribe. Su misión era transportar el producto por aguas colmadas de peligrosos y desconocidos escollos.

Los tripulantes se debatían entre la ambición y la carga máxima que un barco de la época podía transportar. La ambición solía ganar. El 4 septiembre de 1,622 una flota de 28 embarcaciones partían desde La Habana hacia España, en sus bodegas rebosantes se apiñaba plata de Perú y México, oro y esmeraldas de Colombia, perlas de Venezuela, los tesoros de un imperio que se hundía con la conquista. Pero no todos los barcos llegarían a destino.

El 6 de septiembre la flota sería alcanzada por un feroz huracán que asesinaría a ocho de sus embarcaciones, entre ellas Nuestra Señora de Atocha que se fue al fondo llevando consigo 265 almas. Sólo lograron salvarse del violento naufragio tres marineros y dos esclavos.

Un segundo huracán ocurrido un mes después esparciría aún más los restos de la nave y su preciosa carga. Pese a los esfuerzos españoles por recuperar el botín, parecía que el Atocha había sido definitivamente tragado por el mar y había desaparecido para siempre.

Mel Fisher no era sólo un buscador de tesoros, ni un buzo avezado, era además un hombre obsesivo y persistente. Decidido a encontrar los restos del Atocha empleó 16 años de su vida en los que formó un equipo de buzos para desanudar la historia. La férrea voluntad de Fisher finalmente dio sus frutos. El 20 de julio 1985 el detector de metales del barco de Fisher enloqueció. Dos buzos bajaron a investigar y sólo se encontraron con un arrecife en forma de pirámide alargada, rasparon una de las “piedras” y descubrieron que se trataba de barras de plata apiladas. El galeón de madera había desaparecido por completo y el tesoro quedaba expuesto a pocos metros por debajo de las transparentes aguas. El Atocha había sido encontrado después de permanecer cautivo del mar por 363 años.

Lo que siguió fue el rescate de un fantástico tesoro conformado por 1.041 barras de plata, 77 lingotes y discos de oro, varias cajas con 3.000 monedas de oro cada una, 3.000 esmeraldas colombianas y 85.000 objetos preciosos como cadenas y crucifijos de oro. Se trataba, nada menos, que del tesoro rescatado más grande de la historia después del descubrimiento de la tumba de Tutankamon. Impresionante si se tiene en cuenta que el Atocha era apenas una de las 28 naves de la flota.

Mis queridos hermanos y amigos, es sorprendente lo que los seres humanos estamos dispuestos a hacer por los tesoros que ambicionamos. Millones de personas a lo largo de la historia han muerto por causa de la ambición de unos pocos. En la cabeza del ranking de genocidios históricos, figura la conquista española que, dependiendo de la fuente de donde obtengamos la información, mató entre 60 y 100 millones de nativos americanos. Todo por los tesoros.

Cada persona ambiciona un tesoro diferente. Jesús nos manda a ser cautelosos con el tema. Nos insta a fijarnos en los tesoros celestiales antes que en los tesoros terrenales porque los motivadores de ambos son diferentes, el terrenal es nuestro poder y riqueza, el celestial es la gloria de nuestro Dios. Cuando lo vemos de esta forma es fácil elegir… ¿o no?

Que Dios te bendiga

La sepultura no es lo importante

Y oí una gran voz del cielo, que decía:«El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron»Apocalipsis 21:3-4


      Reflexión

Reflexión tomada de “Un mensaje a la Conciencia por el Hermano Pablo”.

Primero lo enterraron en la iglesia de Garrison, en Potsdam, Alemania, junto a su padre Federico Guillermo. De ahí, en la época de la Segunda Guerra Mundial, lo sacaron y lo llevaron al refugio secreto del Mariscal Herman Goering. De ese lugar lo trasladaron a una mina de sal en Turingia, Alemania Oriental, a casi cinco mil metros bajo la superficie de la tierra.

De ahí lo llevaron a una iglesia en el pueblo de Marburgo, en Alemania Occidental. Y por fin en agosto de 1991, después de doscientos cinco años de haber muerto, el cuerpo de Federico I, el Grande, rey de Prusia, fue sepultado donde él quería: en los jardines de su palacio de verano, en la ciudad de Potsdam.

Toda esa odisea nos lleva a preguntarnos: ¿Tiene, realmente, alguna importancia el lugar donde a uno lo entierran?

Los grandes de este mundo la dan tanta importancia al lugar donde van a vivir como al lugar donde serán enterrados. Piensan que las personas de ilustre cuna como ellos deben ser sepultadas en lugares de grandeza y renombre.

Así pasó con Federico I, el Grande, rey de Prusia, filósofo, artista, mecenas de literatos, y formidable guerrero. Él quería que lo enterraran sin ninguna pompa ni ceremonia en los jardines de su palacio que bautizó “Sans Souci”, que en francés significa “sin preocupación”. Pero los azares de la política y de la historia lo llevaron de lugar en lugar, hasta que al fin, doscientos cinco años después de su muerte, sus restos llegaron a descansar donde él siempre quiso.

Y surge de nuevo la pregunta: ¿Tiene, después de todo, real importancia el lugar donde a uno lo entierran? Estudiemos esto por un momento.

Somos cuerpo, alma y espíritu, lo material y lo espiritual, lo pasajero y lo eterno. El cuerpo que nos sostiene vino de la tierra y a la tierra regresa. El alma, esa parte inmaterial nuestra que es lo que realmente somos, es eterna y nuestro espíritu que da vida vuelve a quien lo dio. Es triste que le demos más importancia a la parte nuestra que retorna al polvo que a la que nunca muere.

Ciertamente para los familiares y amigos íntimos el lugar donde reposa el cuerpo tiene importancia; pero sin querer faltar al respeto, o más aún, de pecar de irreverentes y así menospreciar el deseo de estos allegados, para la persona que muere lo que más importa es dónde irá después de la muerte. Es el destino del alma lo que vale, no el destino del cuerpo.

Mis queridos hermanos y amigos, Dios no nos ofrece sepulturas en mausoleos de mármol sino una morada eterna en la gloria celestial. Démosle hoy mismo nuestro corazón a su Hijo Jesucristo. Él nos dará una vida íntegra y buena aquí, y una vida de gloria eterna en el más allá.

Que Dios te bendiga

El pronóstico

Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;  Y su marido también la alaba.Proverbios 31:28


Reflexión

Una joven madre a quien le habían diagnosticado una forma de cáncer tratable regresó a casa del hospital, sintiéndose incómoda por su apariencia física y la pérdida del cabello ocasionada por las radiaciones y la quimioterapia. Cuando se instaló en una de las sillas de la cocina, su hijo apareció silenciosamente en el umbral, estudiándola con curiosidad.

Cuando su madre comenzó el discurso que había preparado para ayudarle a comprender lo que veía, el niño vino corriendo, se acomodó en su regazo, puso su cabeza contra su pecho y se aferró a ella. Su madre decía en ese momento: “Y dentro de un tiempo, ojalá pronto, luciré como antes y entonces estaré mejor”.

El niño se enderezó pensativo. Con la franqueza de sus seis años, respondió sencillamente: “Diferente cabello, el mismo corazón”.

Su madre ya no tuvo que esperar un tiempo para sentirse mejor… ya lo estaba.

Mis queridos hermanos y amigos, ¡cuan insondables son los caminos de Dios! Accidentes y enfermedades son usualmente las herramientas que nuestro Señor usa para fortalecernos y bendecirnos luego. Es probable que estos imponderables resulten en crecimiento espiritual y fortalecimiento interior. Una vez que pasan las tormentas cuando vemos para atrás, a lo lejos vemos las personas que fuimos y cercanamente vemos en lo que nos convertimos luego, y es entonces cuando caemos de rodillas dando gracias a Aquel que tiene todo bajo Su control. Qué delicia es depender de un ser perfecto, que delicia es depender de nuestro Señor.

Que Dios te bendiga

Guianza nocturna

De todo mal camino contuve mis pies para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste.
¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! ¡Más que la miel a mi boca!
De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.
Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.
Salmos 119:101-105


      Reflexión

Una mujer confesó a una amiga su confusión y duda acerca de la toma de una decisión importante. Ella profesaba creer en Dios pero no asimilaba que el apoyarse en su fe, le ayudaría a elegir su camino.

“¿Cómo sé que estoy haciendo lo correcto?”, preguntaba. “¿Cómo puedo creer que mi decisión será la precisa si ni siquiera veo la mañana?”

Su amiga reflexionó y por último le dijo: “Así es como lo veo. Imagínate que conduces tu automóvil en bajada por una carretera oscura de campo y no hay luces que te provean noción alguna de tu ubicación. Es un poco espeluznante. No obstante, confías en tus luces delanteras. Ahora, éstas sólo te permiten visualizar diez metros del camino frente a ti y eso te es suficiente para ver por dónde te diriges. Y mientras viajas por esa senda de apenas diez metros, los focos delanteros te muestran otros diez metros más, hasta que por fin alcanzas tu destino sana y salva”.

Comparable a ello es vivir por fe. No somos capaces de ver el mañana, la semana próxima o el año por venir, pero sabemos que Dios nos proporcionará la luz para seguir el camino.

Mis queridos hermanos y amigos, sin duda alguna la luz que Dios proporciona es Su Palabra. Siguiendo sus instrucciones encontraremos luz en nuestro camino. Es cuando nos desviamos hacia la oscuridad que tropezamos y caemos, luego regresamos a la luz y continuamos hacia nuestro destino. Jesús claramente nos indicó que viviéramos un día a la vez. Él, a través de Su Palabra, nos guiará en el viaje de nuestra vida… diez metros a la vez.

Que Dios te bendiga

El limpia parabrisas

Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto es la Ley y los Profetas.Mateo 7:12


      

      Reflexión

Cuenta un hombre la siguiente historia:
Eran cerca de las once de la noche. Hacía algunos minutos había dejado a mi novia en su casa. El alto me tocó en un semáforo en el centro de la ciudad.

Una persona caminó hacia el vehículo e inmediatamente puse el seguro. Era un joven con el rostro sucio que blandía en su mano derecha un trapo pretendiendo limpiar el parabrisas. Dije que no sin mucho entusiasmo. El insistió y mi paciencia se agotó, sentí que la sangre se me subía a la cabeza y bajé el vidrio de mi ventana y encaré al joven casi gritándole: ¡Ya te dije que no!.

La primera apariencia que me dio fue de adicto, sin embargo al fijarme detenidamente en su rostro observé que estaba sucio, pálido y con una expresión de tristeza. “Con ese trapo tan sucio más bien me vas a ensuciar el vidrio” le dije.

Él bajó su cabeza y guardó silencio. La actitud humilde del joven me impactó.

Me sentí incómodo y para tratar de suavizar la situación le dije:

- ¿Por qué no te compras una palita limpia vidrios y así das un buen servicio?

- Es que no tengo dinero, respondió con voz suave que parecía un murmullo.

- Bueno pues ahorra y cómprate uno, le respondí. Levantó los ojo y me dijo:

- Está bien señor.

El incidente, quizás por ser algo tan frecuente en las capitales latinoamericanas, se me olvidó. Pasó el tiempo y una noche, en el mismo semáforo, un joven con el cabello al viento y con una sonrisa contagiosa se me acercó alegremente y me preguntó:

- ¿Ahora si señor me deja limpiarle el vidrio?

El joven lucía radiante, como si un rayo de felicidad iluminara su vida. Quedé unos instantes impávido, hasta que logré reconocerlo. Era el mismo joven de aquel incidente. Ahora estaba limpio y blandía en su mano derecha una palita de esa con que limpian vidrios.

- Mire señor, agregó el joven, le hice caso, ahorré y me compré mi limpiador, ahora me va muy bien.

Una carcajada brotó desde mi corazón, era la exhumación de culpa por mi altanería de algunos meses atrás. Por su puesto respondí y el joven de forma eficiente limpió el parabrisas. Le pagué por sus servicios y él agradeció gentilmente.

En la noche repasé los acontecimientos. Ese joven no tenía recursos ni esperanzas. Pero la necesidad y la voluntad de salir adelante bastaron para asirse de una posibilidad: cambiar su trapo sucio por un instrumento más eficaz y así mejorar sus ingresos. Se esforzó y lo logró. En cambio yo lo rechacé, lo humillé y lo traté cruelmente. ¿Qué me hubiera gustado que hicieran si yo hubiese sido ese joven? La respuesta fue evidente, que me compraran un instrumento de limpieza.

Mis queridos hermanos y amigos, esta historia nos deja dos lecciones, la del joven esforzado que, pese a su situación, buscó superarse y agradecido encontró alegría en un instrumento de limpieza; y la del hombre que no se puso en lugar del joven tratándolo con dureza y orgullo. ¿Cuántos de nosotros teniendo todo lo que necesitamos, en vez de caer de rodillas agradecidos con Dios por sus bendiciones, nos quejamos por lo que no tenemos? ¿A cuántos de nosotros el Señor nos da la oportunidad de ayudar a un joven y miramos para el otro lado? Seamos personas de acción, no basta con no hacer lo que no queremos que nos hagan, Jesús lo elevó al siguiente nivel: “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”.

Que Dios te bendiga

viernes, 8 de diciembre de 2017

El protector

Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo un guía, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.Gálatas 3:25-27


      Reflexión

Si los animales marinos no tuvieran algún tipo de comunicación tanto el acoplamiento como la reproducción serían totalmente fortuitos y eso podría acarrear, incluso la extinción de la especie.

Es indispensable, entonces, que el macho y la hembra de una determinada especie posean señales claras para saber que el momento de la cópula ha llegado para poder sincronizar el encuentro.

Muchas veces esta comunicación está basada en olores, un rastro en el agua que el macho puede seguir hasta encontrar a la hembra dispuesta. Las feromonas generan aromas sutiles emitidos por ciertas especies para que los capten sus posibles compañeros sexuales.

Entre las langostas, las feromonas emitidas por las hembras se identifican con la hormona responsable de la muda del caparazón. Cuando el animal crece necesita cambiar de caparazón ya que esta coraza protectora por ser rígida va a impedir el normal desarrollo del cuerpo.

El problema es que hay un momento de gran vulnerabilidad entre la hembra que pierde el viejo caparazón y endurece el nuevo. En ese momento sería una presa fácil para los atentos depredadores que la encontrarían sin protección alguna.

Es por eso que la hembra comienza a liberar feromonas en el momento en que la muda está por producirse, los machos comienzan a acercarse a ella atraídos por el olor.

La hembra aún acorazada tiene tiempo para elegir al macho adecuado y rechazar a los demás, así como también defenderse de los depredadores atraídos por la misma sustancia. Una vez elegido el macho, éste espera el momento en que haya perdido el caparazón, entonces se monta sobre ella y la abraza con sus fuertes patas protegiéndola con su propio caparazón y sus antenas de los posibles atacantes.

El macho permanecerá en esta posición hasta que empiece a formarse un nuevo caparazón que proteja nuevamente a la hembra.

De este modo el macho estará protegiendo a la hembra y a los huevos fecundados que ella lleva consigo contribuyendo por partida doble a la preservación de la especie.

Mis queridos hermanos y amigos, como el macho de la langosta marina protege a su hembra rodeándola con su propio ser, así el Señor nos presenta ante su Padre celestial. Delante del Dios perfecto y santo no puede haber imperfección o pecado. Así lo afirmó el profeta Isaías cuando tuvo su visión del trono de Dios. Él dijo: “¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Nadie puede presentarse delante del trono de Dios y vivir, a menos que tenga una santidad perfecta y sabemos por las Escrituras que “no hay justo, ni aun uno”. Por tanto tenemos que revestirnos en Cristo para que, cuando nos presentamos delante del Padre, Él vea a Su Hijo en nosotros. Por eso hoy los creyentes podemos afirmar lo que Pablo dijo: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”.

Que Dios te bendiga

jueves, 7 de diciembre de 2017

Iván IV el Terrible

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, dignatario de los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo:
—Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
 Le respondió Jesús:
—De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.
 Nicodemo le preguntó:
—¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
 Respondió Jesús:
—De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije:“Os es necesario nacer de nuevo”. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu.
Juan 3:1-8


      Reflexión

¿Por qué le decían “El terrible” al zar ruso Iván IV(1530-1584)? Veamos:

Ya en su infancia se “divertía” torturando a toda clase de animales y arrojando al vacío perros desde los tejados del palacio real.

Su primer crimen político conocido ocurrió en 1543 (a los 14 años) al ordenar que Andrei Chuiski, jefe del clan boyardo más influyente de Rusia, fuera arrojado a los perros hambrientos.

En 1555 ordenó la construcción de la iglesia de San Basilio en Moscú, quedó tan complacido con la obra que mandó dejar ciegos a los arquitectos para que no pudieran proyectar nada más hermoso.

En 1570 marchó sobre la ciudad de Novgorod al frente de un ejército de 15.000 hombres arrasándola y dando muerte a miles de personas (entre 25.000 y 60.000) llegando incluso a arrojar a decenas de niños a las aguas heladas de un río cercano por el simple hecho de “disfrutar” viendo el espectáculo.

El 14 de noviembre de 1581, en un acceso de ira, mató a bastonazos a su propio hijo y sucesor Iván Ivanovich. Así de terrible era Iván el Terrible.

Mis queridos hermanos y amigos, no hay que llegar al extremo de ser como Iván el Terrible para darnos cuenta que en nuestro interior llevamos una naturaleza proclive a pecar, a rebelarse contra Dios y a desobedecerle. Cuando somos gobernados por esa inclinación de desobediencia, se puede esperar cualquier cosa. Falta de integridad en nuestras finanzas personales, infidelidad a nuestro cónyuge, violación fragante a las leyes, etc. El único freno en la vida de una persona que evita el deterioro es un nuevo nacimiento a un mundo espiritual. Ese nuevo nacimiento solamente se logra a través de Jesús de Nazareth quién dio Su vida para que nosotros pudiéramos tener “una nueva vida”. Él ha prometido renovarnos, regenerarnos, hacernos crecer paulatinamente para ir, poco a poco, pareciéndonos más a Él. Esa es la oferta que Jesús hace, esa es la oferta que los creyentes hemos aceptado.

Que Dios te bendiga

Estuches raros

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.Hebreos 12:1-2


      Reflexión

La playa amaneció plagada de pequeños estuches, parecidos a estuches de plástico flexible. Los paseantes, desconcertados los observaban y notaban que en su interior paseaban pequeños caracoles: “Huevos de caracol”, sentenciaban. Pero los huevos de caracol son notablemente diferentes.

Estos huevos con apariencia de estuches tienen forma de H y de cada uno de sus extremos cuelga una delgada cinta que se enrosca sobre si misma. Su color suele ser verde oscuro o negro y su tamaño rara vez supera los diez centímetros.

Tal vez algunos pequeños caracoles buscaron refugio en su interior o se están alimentando de restos de vitelo, pero no son huevos de caracol, son “bolsas de sirena”, un pequeño prodigio de la naturaleza, son restos del empaque donde se depositan los huevos de tiburón.

Los tiburones tienen múltiples formas de reproducción de acuerdo a la evolución de cada una de las más de 310 especies. Los hay vivíparos, ovovivíparos y ovíparos.

Las “bolsas de sirena” pertenecen a estas últimas. Las hembras de tiburón abandonan sus huevos cerca de la costa, las corrientes marinas lograrán que las partes acintadas en los extremos del huevo se enreden y queden fijados a las algas del fondo. El color oscuro lo ocultará de la vista de los depredadores y la consistencia dura del estuche eliminará la posibilidad de que sean olidos a la vez que desalentará a los depredadores de menor tamaño.

El huevo tardará siete meses en hacer eclosión. En tanto, el gran saco vitelino que descansa en su interior se irá reduciendo en tamaño en la medida que el embrión consume su contenido, hasta casi hacerlo desaparecer por completo. Al momento de la eclosión el pequeño tiburón se deslizará fuera del estuche.

Los tiburones recién nacidos son activos, nadan con vigor y están dispuestos a buscar comida inmediatamente. Su pequeño tamaño le impedirá aún el acceso a presas importantes pero, al haber sido el huevo abandonado por la madre entre las algas y a poca profundidad, el pequeño tiburón se encontrará con un hábitat donde tiene fácil acceso a pequeños cangrejos, poliquetos, otros invertebrados y peces de movimiento lento. A medida que va ganando porte, el joven tiburón se irá alejando de la costa en busca de presas mayores, ingresando lentamente al terreno de los adultos.

En tanto la “bolsa de sirenas” abandonada y ocupada ahora por pequeños caracoles, navegará llevada por las corrientes hasta la costa para desconcierto de los humanos.

Mis queridos hermanos y amigos, estos pequeños tiburones saben por instinto que no pueden seguir viviendo allí, que necesitan correr hacia la madurez. ¿Cuantas veces a los seres humanos nos cuesta desprendernos de cosas o hábitos y nos negamos a entrar en la madurez espiritual? El Señor nos ha llamado a crecer y a despojarnos de todo aquello que no nos ayuda, necesitamos dejar nuestros estuches en la arena, para nadar a lo profundo, porque el Señor nos hizo para eso.

Que Dios te bendiga

martes, 5 de diciembre de 2017

La influencia de Jonathan Edwards

Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. «Honra a tu padre y a tu madre» —que es el primer mandamiento con promesa—, para que te vaya bien y se


as de larga vida sobre la tierra.
Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.
Efesios 6:1-4


      Reflexión

Si usted tiene una familia, deseamos alentarle a ponerla en primer lugar en su liderazgo. No hay legado comparable con la influencia positiva que un líder ejerce sobre su familia.

Un ejemplo maravilloso de este tipo de influencia lo vemos en los primeros años de la historia de los Estados Unidos. Jonathan Edwards, famoso predicador del siglo dieciocho y su esposa, Sara, dejaron un legado increíble basado en su influencia. Entre sus descendientes se cuentan:
  •     Trece presidentes de universidades
  •     Sesenta y cinco profesores universitarios
  •     Cien abogados, incluyendo el decano de una facultad de derecho
  •     Treinta jueces
  •     Sesenta y seis médicos, incluyendo el decano de una escuela de medicina
  •     Ochenta funcionarios públicos en cargos de influencia, entre ellos: tres senadores federales, tres alcaldes de ciudades importantes, tres gobernadores, un vicepresidente de los Estados Unidos y un director del Tesoro de los Estados Unidos.
Mis queridos hermanos y amigos, si queremos impactar nuestra comunidad, nuestro país o nuestro mundo, el punto de partida es nuestro hogar. No le demos la espalda a nuestro hogar por darle la cara a nuestros negocios, empresas o Iglesia. La familia seguirá con nosotros el resto de la vida, los demás son temporales.

Que Dios te bendiga

Arturo Toscanini y la E plana

No os angustiéis, pues, diciendo:“¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”, porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
 »Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal.
Mateo 6:31-34


      Reflexión

Si llevásemos un registro de todas las cosas por las que nos hemos preocupado durante nuestra vida, descubriríamos, al revisarlas, que la mayoría de nuestros problemas o dificultades anticipados nunca se materializaron.

Esto significa que la mayoría del tiempo que dedicamos a preocuparnos, aun considerando el tipo constructivo que nos empuja a generar soluciones a lo que nos preocupa, se desperdicia.

Por lo tanto, no solo nos hemos infligido una innecesaria angustia mental, sino que hemos tomado valiosos minutos y horas que pudieron haber sido invertidos de otra manera.

Para evitarlo, frecuentemente es necesario someter las fuentes potenciales de preocupación a la fría y objetiva luz analítica de la razón.

Una vez, justo antes de un concierto importante ante un lleno total, un miembro de la orquesta de Arturo Toscanini se acercó al gran director italiano con una expresión de puro terror en su rostro.

“Maestro”, se preocupó el músico, “mi instrumento no funciona bien. No puedo alcanzar la nota E-plana. ¿Qué puedo hacer? Comenzamos en breves instantes”.

Toscanini miró al hombre con completo asombro. Entonces sonrió bondadosamente y colocó un brazo alrededor de sus hombros. “Amigo mío”, contestó el maestro, “No se preocupe. La nota E-plana no aparece en ningún lugar en la música que estará tocando esta noche”.

Mis queridos hermanos y amigos, la próxima vez que nos hallemos en medio de la preocupación sobre algún asunto, sería sabio detenernos y preguntarnos sobre la probabilidad de que el problema llegue a materializarse. Bien pudiésemos dirigirnos a hacer algo más constructivo. La preocupación solo nos desgasta. Vivamos el día de hoy con la seguridad de que Dios está en control de todo pues nuestra vida es preciosa ante sus ojos.

Que Dios te bendiga

La varita al aire


Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre:en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Juan 15:1-10


      Reflexión

Había una vez una mujer escocesa que modestamente se ganaba la vida con artículos de cerámica que vendía por los caminos de su país.

Cada día viajaba por los alrededores y cuando llegaba a una intersección tiraba una varita al aire. Del lado que cayera la varita le indicaba qué rumbo seguir. En una ocasión un anciano se atravesó en su camino al verle tirar la varita por tres veces consecutivas. Finalmente le preguntó:

—¿Por qué tira esa varita así?

—Dejo que Dios me indique hacia dónde ir—respondió.

—Entonces, ¿por qué la tiró tres veces?—preguntó el anciano.

—Porque las primeras dos veces me señalaron malas direcciones—fue su respuesta.

Mis queridos hermanos y amigos, el propósito fundamental de la oración no es que obtengamos lo que queremos, sino aprender a querer lo que Dios nos quiere dar. Pero eso nunca sucederá si no rendimos nuestra voluntad y nos colocamos en la agenda de Dios en lugar de la nuestra.

La persona cuya voluntad está rendida a Dios mantiene una relación con Él como la que se describe en la parábola de la vid y los pámpanos. Dice: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho». La rama que sostiene los racimos de uva llamada pámpano, depende de la vid y vive unida a ella. A su vez la vid le proporciona de todo lo que necesita, lo que trae como resultado frutos abundantes. Es a eso que hemos sido llamados, a llevar fruto abundante que es lo que el Señor desea. Abandonemos nuestro deseos y aprendamos a desear lo que Dios desea, de esa forma sucederá como dice el salmista: “Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón.”.

Que Dios te bendiga