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sábado, 25 de noviembre de 2017

El amor es algo más

Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros:en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor:no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Amados, si Dios así nos ha amado, también debemos amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
1 Juan 4:7-12


      Reflexión

Una maestra de Kinder trataba de explicar a los niñitos de su clase lo que es el amor. Para saber lo que decían sus pequeños alumnos, les preguntó ¿qué es el amor?

Entonces una niñita de seis años de edad se levantó de la silla y fue hasta la maestra, la abrazó, la beso y le declaró: ” Esto es amor.”

En seguida la maestra dijo: “Esta bien; pero el amor es algo más. ¿Que es ese algo?”

La misma niña después de un rato de estar pensando, se levantó y comenzó a poner en orden las sillitas que estaban fuera de lugar que les correspondía, limpió bien el pizarrón, levantó unos papeles que estaban en el suelo, arreglo los libros que estaban en desorden sobre una mesa y en seguida, con aire de satisfacción, dijo a su maestra: “Amor es ayudar a otros”. La niñita había entendido.

Mis queridos hermanos y amigos, qué equivocados estamos cuando definimos amor como un sentimiento o una emoción. El término griego usado por los autores bíblicos para definir el tipo de amor que Dios nos tiene es “Agápē” y se usa en ese idioma para describir un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado. Este tipo de amor en modo alguno brota de las emociones y sin duda alguna no es un sentimiento, antes bien es una decisión. Nuestro Padre decidió amarnos así pese a nosotros mismos y decidió dar a Su Hijo para que se hiciera hombre, en la persona de Jesús, y se entregara  a nuestro favor, con el propósito de darnos vida eterna. Ese precioso amor no depende de las acciones o respuestas del destinatario, depende de la decisión incondicional del que lo entrega. Por lo tanto así como Dios nos ama, debemos amar nosotros a los demás. Es un mandato bíblico y es una señal inequívoca de que somos creyentes. No hay otra opción.

Que Dios te bendiga

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