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sábado, 2 de diciembre de 2017

El rey y el mendigo

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra; como está escrito: «Repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre».2 Corintios 9:6-9


      Reflexión

En unas tierras lejanas, existía un rey muy sabio y bondadoso; cierto día el rey había salido a pasear por los jardines de su castillo, pero para su sorpresa, junto al camino estaba un mendigo que clamaba a fuerte voz “misericordia misericordia”, debido a que tenía días sin comer y no poseía dinero para comprar comida. El rey movido a misericordia se acercó a auxiliar a aquel mendigo, pero sabiamente le preguntó qué tenía él para ofrecerle a su rey; el mendigo cargaba un saco de mazorcas que había recogido en el campo, solamente sacó dos mazorcas de todas las que tenía para dárselas al rey, pues pensaba que este no tendría necesidad de sus dádivas, pues era un rey y vivía cómodamente en el palacio, saciándose de los mejores manjares.

El Rey ante la actitud miserable del mendigo y para darle una lección por ser tan duro de corazón, mandó a sus sirvientes que le trajesen un saco de monedas de oro e igualmente sacó sólo dos monedas de oro y se las dio al mendigo.

Mis queridos hermanos y amigos, esta historia nos enseña que nuestro Dios verá más nuestra actitud cuando damos que lo que damos. El mendigo fue tacaño con su rey, necesitara el rey o no las mazorcas de maíz, eso no era lo importante. Fue la actitud del mendigo lo que importó. Pablo decía que él trabajaba con sus manos para no ser carga para nadie y que lo que sobraba, luego de subsistir, lo daba a aquellos que no tenían. Él escribió a los Corintios lo siguiente: No digo esto para que haya para otros holgura y para vosotros escasez, sino para que en este momento, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: «El que recogió mucho no tuvo más y el que poco, no tuvo menos». Hagamos como dice la Escritura, compartamos nuestros bienes con los que menos tienen, y hagámoslo con alegría.

Que Dios te bendiga

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