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sábado, 2 de diciembre de 2017

El sueño de Ford

…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.Filipenses 2:13


      Reflexión

El pionero de la industria automotriz y visionario Henry Ford dijo: «Todo el secreto de una vida exitosa es descubrir qué estamos destinados a hacer, y luego hacerlo».

El sueño de Ford nació de su interés por todo lo que fuera mecánico. Desde su niñez tuvo la pasión por estudiar y reparar maquinarias. Aprendió por cuenta propia sobre máquinas de vapor, relojes y motores a combustión. Viajó por el campo haciendo reparaciones gratuitas, solo para poner sus manos en alguna maquinaria. Se hizo mecánico y relojero. Trabajó como ingeniero nocturno en la Detroit Edison Company. Ford se sentía intrigado por la idea del automóvil y le dedicó más y más atención a esto. En 1896, construyó su primer automóvil en el cobertizo trasero de su casa. Luego de esto, siguió pensando en cómo mejorar sus esfuerzos, y estudió el trabajo de otros constructores de coches, incluyendo a Ransom E. Olds, quien construyó el primer Oldsmobile en el 1900.

De su amor por las maquinarias y su curiosidad por el automóvil creció el sueño de Ford: la creación de un automóvil de bajo costo y de producción masiva. Hasta ese momento, los nuevos coches sin caballos eran un costoso artículo de lujo, solo al alcance de los ricos. Pero Ford estaba decidido a poner el automóvil al alcance de la persona común. En 1899, ayudó en la formación de la Detroit Motor Company. Pero cuando sus compañeros de organización pusieron obstáculos a la idea de fabricar su producto en forma económica para venderlo en forma masiva, dejó la empresa.

Henry Ford, sin embargo, mantuvo su sueño y finalmente sus esfuerzos rindieron fruto. En 1903, organizó la Ford Motor Company y comenzó a producir el modelo T. El primer año la nueva compañía produjo seis mil autos. Pero ocho años más tarde producía más de 500.000. Además se las arreglaron para reducir el precio inicial de venta de US$850 a solo $360. El sueño de Ford era una realidad.

Mis queridos hermanos y amigos, dice la Escritura que nuestro Señor pone en nosotros el querer y el hacer. Él impulsa a sus hijos a soñar y a convertir esos sueños en realidad. Les da el talento que necesitan y pone a su disposición la educación, los recursos financieros y el afán de logro. El peligro está en poner nuestros sueños y logros antes que la gloria de Dios. Es como poner la carreta delante de los caballos, no hay quien la tire. Debemos tener nuestras prioridades bien claras y hacerle caso a nuestro Señor, primero es el Reino de Dios y su justicia y luego todo lo demás… en ese orden.

Que Dios te bendiga

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