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jueves, 7 de diciembre de 2017

Iván IV el Terrible

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, dignatario de los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo:
—Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
 Le respondió Jesús:
—De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.
 Nicodemo le preguntó:
—¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
 Respondió Jesús:
—De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije:“Os es necesario nacer de nuevo”. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu.
Juan 3:1-8


      Reflexión

¿Por qué le decían “El terrible” al zar ruso Iván IV(1530-1584)? Veamos:

Ya en su infancia se “divertía” torturando a toda clase de animales y arrojando al vacío perros desde los tejados del palacio real.

Su primer crimen político conocido ocurrió en 1543 (a los 14 años) al ordenar que Andrei Chuiski, jefe del clan boyardo más influyente de Rusia, fuera arrojado a los perros hambrientos.

En 1555 ordenó la construcción de la iglesia de San Basilio en Moscú, quedó tan complacido con la obra que mandó dejar ciegos a los arquitectos para que no pudieran proyectar nada más hermoso.

En 1570 marchó sobre la ciudad de Novgorod al frente de un ejército de 15.000 hombres arrasándola y dando muerte a miles de personas (entre 25.000 y 60.000) llegando incluso a arrojar a decenas de niños a las aguas heladas de un río cercano por el simple hecho de “disfrutar” viendo el espectáculo.

El 14 de noviembre de 1581, en un acceso de ira, mató a bastonazos a su propio hijo y sucesor Iván Ivanovich. Así de terrible era Iván el Terrible.

Mis queridos hermanos y amigos, no hay que llegar al extremo de ser como Iván el Terrible para darnos cuenta que en nuestro interior llevamos una naturaleza proclive a pecar, a rebelarse contra Dios y a desobedecerle. Cuando somos gobernados por esa inclinación de desobediencia, se puede esperar cualquier cosa. Falta de integridad en nuestras finanzas personales, infidelidad a nuestro cónyuge, violación fragante a las leyes, etc. El único freno en la vida de una persona que evita el deterioro es un nuevo nacimiento a un mundo espiritual. Ese nuevo nacimiento solamente se logra a través de Jesús de Nazareth quién dio Su vida para que nosotros pudiéramos tener “una nueva vida”. Él ha prometido renovarnos, regenerarnos, hacernos crecer paulatinamente para ir, poco a poco, pareciéndonos más a Él. Esa es la oferta que Jesús hace, esa es la oferta que los creyentes hemos aceptado.

Que Dios te bendiga

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