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martes, 5 de diciembre de 2017

La varita al aire


Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre:en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Juan 15:1-10


      Reflexión

Había una vez una mujer escocesa que modestamente se ganaba la vida con artículos de cerámica que vendía por los caminos de su país.

Cada día viajaba por los alrededores y cuando llegaba a una intersección tiraba una varita al aire. Del lado que cayera la varita le indicaba qué rumbo seguir. En una ocasión un anciano se atravesó en su camino al verle tirar la varita por tres veces consecutivas. Finalmente le preguntó:

—¿Por qué tira esa varita así?

—Dejo que Dios me indique hacia dónde ir—respondió.

—Entonces, ¿por qué la tiró tres veces?—preguntó el anciano.

—Porque las primeras dos veces me señalaron malas direcciones—fue su respuesta.

Mis queridos hermanos y amigos, el propósito fundamental de la oración no es que obtengamos lo que queremos, sino aprender a querer lo que Dios nos quiere dar. Pero eso nunca sucederá si no rendimos nuestra voluntad y nos colocamos en la agenda de Dios en lugar de la nuestra.

La persona cuya voluntad está rendida a Dios mantiene una relación con Él como la que se describe en la parábola de la vid y los pámpanos. Dice: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho». La rama que sostiene los racimos de uva llamada pámpano, depende de la vid y vive unida a ella. A su vez la vid le proporciona de todo lo que necesita, lo que trae como resultado frutos abundantes. Es a eso que hemos sido llamados, a llevar fruto abundante que es lo que el Señor desea. Abandonemos nuestro deseos y aprendamos a desear lo que Dios desea, de esa forma sucederá como dice el salmista: “Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón.”.

Que Dios te bendiga

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