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sábado, 2 de diciembre de 2017

Más allá de la riqueza y el poder

A los ricos de este mundo manda que no sean altivos ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos y generosos.1 Timoteo 6:18


      Reflexión

En 1923, un pequeño grupo de los hombres más ricos del mundo se reunieron en el Hotel Edgewater Beach de Chicago, Illinois. Eran la elite de la riqueza y del poder. En aquel tiempo, ellos controlaban más dinero que la cantidad total existente en el Tesoro de los Estados Unidos. Esta es una lista de los que estuvieron allí y lo que a la larga les ocurrió:

• Schwab, presidente de la industria independiente de acero más importante: murió en la bancarrota.
• Arthur Cutten, el más grande de los especuladores de trigo: murió insolvente en el extranjero.
• Richard Witney, presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York: murió poco después de ser puesto en libertad de la prisión de Sing Sing.
• Albert Fall, miembro del gabinete de un presidente de los Estados Unidos: se le indultó de la prisión para que muriera en su hogar.
• Jess Livermore, el «oso» más grande de Wall Street: se suicidó.
• Leon Fraser, presidente del Bank of International Settlements: se suicidó.
• Ivar Kreuger, jefe del monopolio más grande del mundo: se suicidó.

Hasta el millonario griego, Aristóteles Onassis, que conservó su riqueza y murió a edad avanzada, reconoció que el dinero no es equivalente al éxito. Él sostuvo que «después que llegas a cierto punto, el dinero pierde importancia. Lo que importa es el éxito».

Mis queridos hermanos y amigos, ¿Qué es el éxito en realidad? No es dinero, no es poder. El verdadero éxito es vivir de acuerdo a los principios del Señor. Cuando nuestra vida se alinea a los principios eternos, entonces nos movemos en el verdadero camino de nuestro Buen Pastor. Sin duda alguna podemos asociar el éxito con la paz y esa paz solamente la provee Aquel que provee todas las cosas. Cuando aprendemos a vivir con lo que Él nos ha dado y somos agradecidos por ello, nos desprendemos de los deseos de poder y éxito que nos llevan a desear lo que no tenemos y a perder nuestra paz. Como le dijo el Señor al salmista en el salmo 46: “«Estad quietos y conoced que yo soy Dios”.

Que Dios te bendiga

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