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miércoles, 3 de enero de 2018

Dios es mayor que nuestro corazón

En esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él, pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidamos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.1 Juan 3:19-23


      Reflexión

Lo que los hombres llaman con frecuencia  “conciencia” no es nada más que los estándares que otros nos han enseñado o que se han originado en nuestra propia mente, según ilustra la respuesta que un oficial inglés dio a un indio, algún tiempo después que este país había pasado bajo el dominio de Inglaterra.

Los indios acostumbraban a quemar a la viuda de un muerto en la misma pira funeraria en que era incinerado el marido difunto, pero los ingleses prohibieron esta costumbre bajo pena de muerte.

“Nuestras conciencias nos dicen que hemos de quemar las viudas junto con el cuerpo de sus maridos”, dijo un dirigente indio a un oficial inglés.

“Y nuestras conciencias nos dicen que tenemos que ahorcarlos si lo hacen” fue la respuesta del oficial.

Ambas conciencias estaban equivocadas pues ambas eliminaban una vida.

Mis queridos hermanos y amigos, mucha gente confía en su conciencia para determinar la diferencia entre el bien y el mal.  A esto se le denomina “moral subjetiva”. El mundo moderno, en su relativismo, propone que cada uno funcione de acuerdo a su propio entendimiento, fijando un parámetro de lo moral o inmoral basado en que “si no afecta a otros entonces no importa”. Es curioso pero la moral subjetiva se basa primeramente en la moral del país donde nosotros nacimos, luego se agrega la moral de la familia donde nacimos y finalmente la moral de nuestro propio entendimiento. Una vez construida, ella se convierte en nuestra conciencia y entonces basamos nuestra conducta en esa “conciencia subjetiva”. Esta es la razón por la cual el mundo se desboca en inmoralidad y falta de ética, todo se ha relativizado, no tenemos un estándar objetivo a qué referirnos para poder vivir de una manera armoniosa, moral y ética. La Biblia ofrece a los creyentes esa norma de fe y conducta, ese “absoluto” a donde recurrir en caso de duda. Allí están detallados los principios divinos establecidos por el Dios inmutable. La Biblia es nuestro manual de vida, nuestra luz en las tinieblas, nuestra lámpara que ilumina el camino. Recordemos, nuestro corazón es engañoso, no podemos confiar en él, mejor confiemos en el Señor y en Su Palabra… allí no hay error.

Que Dios te bendiga

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