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jueves, 4 de enero de 2018

El aguila y el halcon

Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá otro que lo levante. También, si dos duermen juntos se calientan mutuamente, pero ¿cómo se calentará uno solo? A uno que prevalece contra otro, dos lo resisten, pues cordón de tres dobleces no se rompe pronto.Eclesiastés 4:9-12


      Reflexión

Una vez un reconocido guerrero indígena y la hija de una mujer que había sido matrona de la tribu, se enamoraron profundamente, habían pensado en casarse, para lo cual tenían el permiso del cacique. Pero antes de formalizar el casamiento fueron a ver al anciano de la tribu, muy sabio y respetado, que tenia palabras de bendición. El sabio les dijo que ellos eran buenos muchachos, jóvenes, y que no había ninguna razón para que nadie se opusiera. Entonces ellos le dijeron que querían hacer algo que les diera la fórmula para ser felices siempre. El sabio les dijo:

- Bueno hay algo que podemos hacer, pero no sé si están dispuestos porque es bastante trabajoso.

- Sí, claro, le dijeron.

Entonces el sabio le pidió al guerrero que escale la montaña más alta, busque allí al halcón más vigoroso, el que vuele más alto, el que le parezca más fuerte, el que tenga el pico más afilado y que vivo, se lo traiga.

Y el sabio le dijo a ella: a ti no te va a ser tan fácil, vas a tener que internarte en el monte, buscar el águila que te parezca que es la mejor cazadora, la que vuele más alto, la que sea más fuerte, la de mejor mirada, vas a tener que cazarla sola, sin que nadie te ayude y vas a tener que traerla viva aquí.

Cada uno salió a cumplir su tarea. Cuatro días después volvieron con el ave que se les había encomendado y le preguntaron al sabio:

- Ahora qué hacemos,¿las cocinamos?, ¿las comemos?, ¿qué debemos hacer con ellas?"

No, nada de eso dijo riendo el sabio y les dijo: ¿ustedes quieren ser felices?. Sí, le dijeron.

- ¿Volaban alto?, preguntó, ¿Eran fuertes sus alas, eran sanas, independientes? Sí, contestaron.

Muy bien, dijo el sabio, Ahora deben atarlas entre sí por las patas y suéltenlas para que vuelen.

Entonces el águila y el halcón comenzaron a tropezarse, intentaron volar, pero lo único que lograban, era revolcarse en el piso y se hacían daño mutuamente, hasta que empezaron a picotearse entre sí.

Entonces el sabio de la tribu les dijo: "Si ustedes quieren ser felices para siempre: vuelen juntos, ayúdense, compréndanse, ámense, pero jamás se estorben el uno al otro, son dos individuos en un matrimonio”.

Mis queridos hermanos y amigos, la Escritura nos dice que a partir de nuestro matrimonio, somos una sola carne. En efecto, dos forman uno. Hay unidad de propósito, una sola misión, una sola fe, un mismo destino. Hay sin embargo diferencias de estilo y de gustos. Nuestro pasado nos ha formado y hemos llegado a este punto a través de diferentes caminos, como diferentes somos el uno del otro. La clave de las diferencias está en el complemento, siendo diferentes y respetando nuestras diferencias, nos complementamos para ser una unidad, o como dice nuestro Señor, una sola carne.

Que Dios te bendiga

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