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miércoles, 17 de enero de 2018

El Collar

Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre y echó dos blancas, o sea, un cuadrante. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo:
—De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca, porque todos han echado de lo que les sobra, pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.
Marcos 12:41-44


      Reflexión

El hombre que estaba tras el mostrador, miraba la calle distraídamente. Una niñita se acercó al negocio y apretó la nariz contra la vidriera. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un collar de turquesa azul. Entonces, entró al negocio y pidió verlo.

-Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito? dijo.

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:

-¿Cuánto dinero tienes?

Sin dudar, ella sacó del bolsillo un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo:

-¿Eso alcanza?

Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa.

-Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Hoy es su cumpleaños y sé que estará feliz con el collar que es del color de sus ojos.

El hombre fue para la trastienda, puso el collar en un estuche, lo envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta dorada.

-Toma -dijo a la niña- Llévalo con cuidado.

Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.

Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho y preguntó:

-¿Este collar fue comprado aquí?

-Sí señorita.

-Y ¿cuánto costó?

-¡Ah!, -habló el dueño del negocio- El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.

La joven continuó:

-Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar ¿es verdadero, no? Ella no tendría dinero para pagarlo.

El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta, lo devolvió a la joven y dijo:

-Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar. Dio todo lo que tenía.

El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

Mis queridos hermanos y amigos, la verdadera donación es darse por entero, sin restricciones. La gratitud de quien ama no coloca límites para los gestos de ternura. Seamos siempre agradecidos pero no esperemos el reconocimiento de nadie. La gratitud con amor no solo reanima a quien la recibe, reconforta también a quien la ofrece.

Que Dios te bendiga

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