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viernes, 19 de enero de 2018

El elefante

Jesús les respondió:
—De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres.
Juan 8:34-36


      Reflexión

Cuenta un hombre que cuando era chico le encantaban los circos y lo que más le gustaba de los circos eran los animales. También le llamaba mucho la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal ... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. La estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: -¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

El elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. La pregunta era obvia: -Si está amaestrado... ¿Por qué lo encadenan?

"El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".

Cuenta el hombre que en ese momento cerró los ojos y se imaginó al recién nacido sujeto a la estaca. Seguramente en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse y a pesar de todo su esfuerzo, no lo logró. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Probablemente se durmió agotado y al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE ESCAPAR.

Tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se volvió a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... Jamás intentó otra vez poner a prueba su fuerza.

Mis queridos hermanos y amigos, ¿cuántas estacas tendremos en nuestras vidas? Nuestras prácticas antiguas de desobediencia son estacas que no nos permiten ser libres. El Señor nos ha llamado a buscarle porque Él en verdad remueve estacas, Él vino al mundo a hacernos libres, libres para vivir con Él, libres para vivir en Él porque así lo dijo y así está escrito: “si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres”.

Que Dios te bendiga

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