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viernes, 9 de marzo de 2018

Águilas pescadoras

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz…Hebreos 12:1-2


      Reflexión

El canal de televisión National Geografic, presentó un programa que mostraba cómo hacen las águilas para atrapar peces en los lagos. Vuelan muy alto sobre el lago y su visión es tan aguda que localizan con facilidad al pez que quieren pescar. Al verlo, doblan las alas hacia atrás y se lanzan directamente hacia él a gran velocidad. Al llegar al agua, extienden las alas, abren las garras, toman al pez y vuelven a lugar seguro.

En ese programa, mostraron una película que presentaba un hecho poco común. Un águila se sumergió para atrapar al pez; pero el pez era muy grande. Al comenzar a levantar el vuelo, el águila hacía un esfuerzo muy grande. El pez era pesado y ella no lograba soportar su peso.

Dándose cuenta de que no podía con su presa, trató de soltar al pez. Pero sus garras habían penetrado tan hondo en sus carnes que no podía sacarlas. Luchó mucho, pero no tuvo éxito. Comenzó a caer al lago, ahogándose, porque no pudo librarse de la caza que había atrapado.

Mis queridos hermanos y amigos, frecuentemente nosotros nos aferramos a cosas que pueden ser peligrosas. Escogemos malos amigos, malos programas de televisión, alimentos dañinos o malos hábitos. En fin, nuestras elecciones acaban siendo demasiado pesadas y grandes para nosotros.

Al principio, creemos que tenemos el control y que podremos apartarnos de ellas cuando lo deseemos. Pero, sin darnos cuenta, esa conducta se transforma en hábito. Cuando un día tratamos de librarnos y de salir, descubrimos que estamos demasiado agarrados de las malas costumbres. ¡Estamos descontrolados!

Lo mismo que le pasó al águila que no consiguió librarse del pez y murió ahogada, puede pasarnos a nosotros. Adquirimos malos hábitos sin considerar el mal que nos hacen, cuando nos percatemos, será demasiado tarde para abandonarlos; ciertamente pereceremos juntamente con ellos.

Que Dios te bendiga

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