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lunes, 25 de junio de 2018

Cachorritos en venta

Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no seáis altivos, sino asociaos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.Romanos 12:15-16


      Reflexión

El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que leía: "Cachorritos en venta".

Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando: "¿Cual es el precio de los perritos?"

El dueño contestó: "Entre $30 y $50". El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas: "Sólo tengo $2.37... ¿puedo verlos?". El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba.

"¿Qué le pasa a ese perrito?", preguntó.

El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida.

El niñito se emocionó mucho y exclamó: “¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!".

Y el hombre replicó: "No, tú no vas a comprar ese cachorro, si  realmente lo quieres, yo te lo regalo".

Y el niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo: "Yo no quiero que usted me lo regale. El vale tanto como los otros perritos yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis $2.37 ahora y 50 centavos cada mes hasta que lo haya pagado completo".

El hombre contestó: "Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo. El nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos".

El niñito se agachó y se levantó la pierna de su pantalón para mostrar su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: "Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco y el perrito necesitará a alguien que lo entienda".

El hombre estaba ahora mordiéndose el labio y sus ojos se llenaron de lágrimas... sonrió y dijo: "Hijo, espero que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú".

Mis queridos hermanos y amigos, identificarse con el que sufre  es una característica típica del creyente bíblico. Usualmente los creyentes recordamos de donde nos ha sacado el Señor y regresamos precisamente allí para llevar la esperanza que solo Él da. Identifiquémonos con los que sufren, el Señor ya lo hizo, ahora nos toca a nosotros hacerlo también.

Que Dios te bendiga

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