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miércoles, 4 de julio de 2018

Como limpiar cualquier cosa

...para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.Hechos 26:18


      Reflexión

La revista Consumer Reports (que informa a los consumidores sobre los productos y servicios que hay en el mercado) publicó un folleto con el intrigante título ¿Cómo limpiar prácticamente cualquier cosa? Este folleto da consejos sobre qué solución usar para quitar una amplia variedad de manchas.

No es sabido que la glicerina quita las manchas de bolígrafo. El agua hirviendo puede quitar las manchas de frutas como fresas y moras. Los padres de niños pequeños deberían tener a mano un galón de vinagre para deshacerse de las marcas de crayones. El cloro trabaja bien sobre el moho. El jugo de limón hace pequeños milagros en las manchas de óxido. Es casi seguro que los científicos han probado estos agentes comunes de limpieza.

Lo que no se encuentra en este librito es cómo lidiar con la mancha más grave de todas: la mancha que deja en nuestra vida el pecado (la desobediencia a Dios, a  aquel mandato de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo), aquellas manchas feas y profundas hechas por palabras hostiles y acciones vergonzosas.

Para tal mancha no hay quitamanchas humano. Las lágrimas no las tocan. El celo no las puede borrar. A veces nos convencemos de que hemos proseguido con nuestra vida y que las manchas han desaparecido, pero en un momento de descuido notamos que la mancha se ha colado y regresa junto con nuestro pasado a hostigarnos.

Mis queridos hermanos y amigos, necesitamos del perdón de Dios, todo el tiempo. Este es el único remedio que surte efecto, es el único quitamanchas del pecado.

Ese perdón fue obtenido por Jesús en la cruz y cada vez que vamos al Padre confesando nuestras faltas, Él nos limpia nuestras manchas, nos deja como el lino fino, blanco y resplandeciente que Él quiere que seamos y nos insta a vivir una vida santa, lejos de la desobediencia que nos aleja de Él. Una vez se sacrificó por nosotros para limpiarnos, cambiando su blancura por nuestra suciedad. La invitación de ahora es  diferente y bíblica: “Sed santos por que yo soy santo”.

Que Dios te bendiga

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