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martes, 24 de julio de 2018

Deja que el río corra

Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios.Hebreos 13:16



Reflexión
El Mar Muerto, localizado entre Israel y Jordania, es famoso por ser el punto más bajo de la superficie terrestre. Es también una viva atracción turística por sus saludables balnearios, a los que se dirigen muchos para tomar baños de agua salada y comprar cosméticos elaborados con el lodo de ese mar.

Casi nadie se pregunta ¿por qué le llaman Mar Muerto? Diferente a la mayoría de los grandes lagos, este no tiene salida. El río Jordán fluye hacia el Mar Muerto pero no hay circulación a la inversa, por lo tanto si no comparte lo que recibe, muere.

Lo mismo se aplica a los seres humanos. Cuando recibimos dones de talento, educación, capital financiero, u otros recursos, podríamos pensar que al compartirlos con otros, quedaría menos para nuestro disfrute personal. Sin embargo, cuando no ofrecemos de nosotros mismos a otros, una parte de nuestro ser, muere.

Como el Dr. David Livingstone comentara en una ocasión: “Las personas hablan del sacrificio que he hecho pasando en África, gran parte de mi vida. ¿Puede esto ser llamado sacrificio, si tan sólo es admitir una gran deuda con nuestro Dios que nunca podremos pagar? ¿Es un sacrificio algo que te recompensa con salud, con la conciencia de estar obrando bien, con paz mental y una radiante esperanza de un glorioso destino? Enfáticamente, no es un sacrificio. Antes es un privilegio... De esto no debemos ni hablar si recordamos el gran sacrificio que Él hizo, dejando el trono de Su Padre en lo alto, para darse a Sí mismo por nosotros.

Mis queridos hermanos y amigos, al igual que el Mar Muerto, si no compartimos lo que tenemos, algo de nosotros va a morir. La mayoría de la gente recuerda a los más desvalidos durante las fiestas de navidad. Recolectan donaciones y organizan eventos para dar un rato de felicidad a niños y ancianos. Eso “per se” no tiene nada de malo, por el contrario, es loable. Sin embargo frecuentemente se nos olvida que los pobres “son pobres” todo el año. La gente socialmente en riesgo requiere de nuestra ayuda “todo el año”. El Señor dejó a Su iglesia en la tierra para algo, no solamente para esforzarnos en diciembre, sino para trabajar para Él “todo el año”.  

Que Dios te bendiga

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